WASHINGTON.- Después de meses de acusaciones y ataques públicos, y de desmentidas y contraataques inmediatos, los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, el demócrata Barack Obama y el republicano Mitt Romney, van a poder, por fin, decirse las cosas a la cara y tomarse el pulso en serio.

Hoy, en Denver, se celebrará el primero de los tres debates televisados que pondrán frente a frente a los dos postulantes, unas citas consideradas clave no sólo porque marcan de forma definitiva la recta final de la carrera hacia las urnas el 6 de noviembre, sino porque más de una vez, han decidido el resultado electoral. Los restantes serán el 16 y el 22 en Nueva York y en Florida. Cada uno durará 90 minutos y se calcula que será visto por unos 50 millones de televidentes. También será transmitido a través de Internet, en el sitio de YouTube.

De un lado, buena parte de los electores indecisos suelen tomar su decisión final sobre a quién apoyar tras estos encuentros en la pequeña pantalla en horario de máxima audiencia. Y, por otro, los debates hacen a menudo que otros que no tienen comprometido su voto, cambien de opinión según quién ha salido mejor parado del duelo dialéctico.

La delgadísima agenda de actos de ambos dirigentes en los días previos al debate da fe, más que ningún otro gesto o palabra, de la importancia que le conceden a su primer encuentro en directo, para el que se han dado amplio espacio de preparación, con entrenamiento y ensayos de cada gesto, palabra y mirada.

Obama fue asesorado por un equipo de consejeros en comunicación y política, y contó con la ayuda del senador y ex candidato presidencial, John Kerry, quien hizo de Romney en un simulacro. En las últimas 72 horas, sólo hizo un alto para llevarles pizza a los voluntarios que impulsan su campaña en Nevada.

El republicano se ejercita con el elocuente senador Rob Portman, y se rodeó del ala derechista de su partido, en la que milita su candidato a vicepresidente, Paul Ryan, voz cantante de las críticas al Gobierno por estas horas.

Detrás en las cifras

Para Romney, esta instancia es crucial: no sólo será su primer debate como candidato presidencial, sino que se le está acabando el tiempo para convencer a los votantes de que es el adecuado para darle al país el empujón que necesita tras años de economía renqueante. Llega a la cita con la presión extra de estar atrás en las encuestas, a una distancia de entre seis y ocho puntos.

El Presidente demócrata tiene experiencia en estos debates (hace cuatro años le dieron el último impulso para llegar a la Casa Blanca) y además es un reconocido orador, todo lo contrario que su hierático rival. Pero Obama puede haber perdido algo de práctica, y este debate inaugural estará centrado en política doméstica; es decir: economía, desocupación y reforma sanitaria.

El mandatario ha recordado una y otra vez que cuando llegó al poder, el país estaba "al borde" de una nueva Gran Depresión producto de la gestión de George Bush (hijo), pero hoy estará a la defensiva sobre sus políticas sociales. Seguramente dirá que requiere de otro mandato para restaurar el vigor de la economía.

El opositor le achaca al Presidente que EEUU sigue sin despegar, que debilitó el liderazgo mundial de su país y que el desempleo continúa por encima del 8%, y convoca al electorado que en 2008 votó por el cambio prometido por los demócratas, a hacerlo por los republicanos en esta oportunidad. (DPA-AFP-Reuters)

Una costumbre cívica

¿Desde hace cuánto que hay debates?

El primer debate electoral en Estados Unidos fue el 26 de septiembre de 1960, entre un nervioso Richard Nixon y un tranquilo John F. Kennedy, quien se impuso cómodamente. Los republicanos no quisieron repetir la experiencia hasta 1976.

¿Cómo es su desarrollo?

Se adapta a las necesidades de la emisora de turno. En el primer y tercer debate, Obama y Romney se sentarán en una mesa con el moderador; en el segundo responderán de pie preguntas de los electores, en un máximo de dos minutos.

¿Qué influencia pueden tener en el resultado?

Los expertos opinan que los debates pueden cambiar mucho menos el resultado electoral de lo que piensan los candidatos, ya que el 95% de los electores tiene decidido su voto desde antes. Pero sí inciden sobre los votantes indecisos.

¿Obama tiene ganada esta etapa de antemano?

No. Es un gran orador, pero no es muy bueno en los debates: habla mucho y sus respuestas suelen ser largas. Y siempre está el peligro de que decepcione a los electores si no explica adecuadamente las promesas incumplidas durante su gestión.

¿Cuál es la fortaleza y cuál la debilidad de Romney?

Es considerado como un orador torpe y sin humor, que hace declaraciones superficiales sobre sus planes y se muestra pedante. Al mismo tiempo, es transparente y ganó experiencia en los debates durante la campaña interna republicana.

¿Cuál es la mayor preocupación de los candidatos?

En los debates hay poco que ganar y prácticamente sólo se pueden perder apoyos si se mete la pata: le pasó en 1980 al entonces presidente Jimmy Carter contra Ronald Reagan, y en 2000 a Al Gore, que perdió su ventaja ante George Bush (h).